El orgullo es un
monstruo despiadado que ataca cuando no se le reconoce como él desea. Actúa como rey altivo, y a veces benevolente,
bondadoso y/o piadoso, pero sólo hasta
que se le toca.
Debido a ser una identidad irreal no tiene la capacidad
de prevalecer ante los “ataques” de la verdad, y reacciona con ira, desprecio,
violencia, indiferencia, mentira, engaño o altanería ante cualquier aparente agravio contra su falsa
grandeza.
Un
escorpión del desierto puede
matar a un perro en segundos al introducirle su veneno. De la misma forma, el orgulloso inyecta este
mismo veneno a todo aquél que se atreve a desafiar su carácter: con miradas llenas de odio, palabras
hirientes llenas de ira, injuria, burla, cinismo o reproche. El orgulloso desenvaina su espada y la dirige
directamente al corazón o a la cabeza, penetrando en el área desprotegida de
cualquier pobre incauto que se acerca a él con inocencia, sencillez de corazón, ignorancia o confianza.
El orgulloso es siempre superior a los demás (según su
errado juicio). Es perfecto a sus
propios ojos y no acepta críticas, consejos ni observaciones. El orgulloso vive feliz en su estado de
egoísmo y no necesita más que mantener lo que ya tiene, y vivir en la inconciencia
de la realidad y la verdad, pagando cualquier precio para ello.
El orgulloso cree irradiar una luz blanca, que es de
hecho la que lo ha cegado para ver la
verdad, pero cualquiera que lo ve, reconoce un halo negro alrededor de su
arrogancia, su insensibilidad, sus ojos y oídos cerrados, su lengua ligera, hiriente,
zalamera y a veces hasta hipócrita. Ataca
solapadamente, denigrando directa o indirectamente, haciendo alusiones a hechos
humillantes, o bien valiéndose de burla y/o cinismo. Adula de frente e injuria
por la espalda; reconoce inmediatamente el artículo genuino y verdadero que
amenaza su falsificación (a veces muy barata), y se opone con cualquier táctica
o acción espontánea.
El
orgulloso seguro de sí mismo se encierra en un silencio soberbio, desde el cual
juzga y denigra a todo aquél que pasa a su lado. El inseguro agrede sin tacto, precaución ni
misericordia.
El orgulloso es incapaz de ayudar a alguien porque cree y
sostiene ser algo que no es. Es una
canoa que se cree buque; una candela que se cree sol; un charco que se cree
río; un ratón que se cree león; un pollo
que se cree águila; un ignorante que se
cree doctor. Razones por las cuales es
muy peligroso cobijarse en su regazo y ponerse bajo su protección.
El orgullo puede diferenciarse de la identidad verdadera
únicamente en el campo de batalla. El
orgulloso es aquél que tiene el traje de bombero colgando en la sala para que
todos lo admiren y lo honren, pero es incapaz de entrar en un edificio en
llamas para rescatar a un niño o a una mujer que necesitan su socorro. El orgulloso es aquél que alardea y no deja
de hablar de sí mismo y de exaltar sus cualidades porque está vacío y lleno de
miedo debido a la conciencia de que su grandeza está únicamente en su
imaginación y en su lengua.
El humilde comparte sus experiencias, aconseja con tacto y sabiduría, enseña a todo aquél que se
muestra hambriento de inteligencia, y cuenta de sus experiencias y de su
alegría a todo aquél que parece poder recibirlo, atesorarlo y disfrutarlo con
aprecio.
El orgulloso debe ser reconocido como un animal venenoso
y altamente letal, pues es capaz de llegar hasta las últimas consecuencias por
defender su falsa identidad.
La identidad no necesita ser defendida, se revela a sí
misma en el campo práctico. La verdad
demuestra tanto lo que soy como lo que no soy, pero el orgulloso no tiene verdad
que le defienda, por lo que declara guerra y ataca sin piedad arrasando todo lo que esté a su paso. El orgulloso es ciego y sordo, pero escucha
constantemente una voz que le dice:
“Eres perfecto(a). No hay nadie
como tú.” La verdad de los hechos es sustituida
por la mentira, la intimidación y la agresión.
El humilde se mantiene en un constante río en el que se
da y se recibe; mantiene la puerta de la
verdad siempre abierta para crecer, y está siempre consciente de aquello que
puede o debe mejorar, cambiar, ajustar, desechar, etc. El humilde pide y da. El humilde reconoce y agradece; el humilde pide perdón y perdona; el humilde
enseña y aprende; … el humilde encuentra la luz del sol y descansa con la oscuridad
de la noche; no va en contra de la razón, ni de lo objetivo, evidente o
verdadero. El humilde espera que el
tiempo confirme que no esconde nada, ni miente, ni engaña, ni teme, sino espera
quieta y confiadamente, pues sabe la verdad y está parado sobre ella.
El orgulloso es un monstruo que no reconoce autoridad
sobre su cabeza, que no cambia para bien ni admite errores ni necesidad de ser
ayudado. Sin embargo puede portarse como
alguien manso, con el fin de meter el cuchillo por la espalda. El orgulloso es celoso, odia y se venga. El orgulloso no reconoce límites. El es la máxima autoridad y la última
palabra: esta es su convicción y esta rige sus acciones.
El humilde cumple, es fiel, se da, pero no pelea. El humilde actúa y espera en Dios. El humilde espera en la justicia que trae la
verdad. El humilde reconoce y busca a la autoridad. El humilde declara la verdad, descansando
confiadamente sobre el peso de los hechos, y se abstiene de gritería,
contiendas y discusiones; y confía calladamente cuando está ante soberbios a
quienes la verdad no importa, sino sólo les significaría más leña para su
fuego.
El orgulloso se impone.
El orgulloso se cierra.
El orgulloso es un apetitoso pastel, muy bien decorado,
que al llegar a nuestras papilas gustativas trae gran frustración y decepción. Es un carro atractivo a la vista, con un motor que no sirve. Es una gran atracción a la mente, y una gran decepción a la verdad. Es una gran promesa que deja gran dolor
detrás de su incapacidad e incumplimiento.
Es una voz fuerte y firme que resulta ser mentirosa, jactanciosa y
falsa.
El orgullo es despreciable y debe ser detectado
tempranamente para evitar beber de su agua sucia y resultar contaminado,
enfermo y hasta destruido.
Debemos aprender a amarnos por lo que somos; a valorarnos,
a estimarnos y a servir al amor y a la vida con fortaleza, con fidelidad, con
perseverancia, paciencia y misericordia, y evitar a los orgullosos en nuestro
círculo, pues traen gran destrucción consigo.
Para evitar caer en las garras del engaño del orgullo
debemos honrarnos unos a otros, estimularnos, premiarnos, apreciarnos y
valorarnos profundamente, sin jamás caer en el menosprecio y mucho menos en el
desprecio, que puede llegar a encontrar esperanza y falso consuelo en los
brazos del orgullo monstruoso y despiadado que ofrece venganza, vindicación y
justicia. Y vivir siempre agradecidos al
Creador por Su bondad para con nosotros al concedernos las cualidades que nos
caracterizan y nos hacen quienes somos.
Nosotros no nos creamos a
nosotros mismos, ni nos sustentamos a nosotros mismos. Todos daremos cuentas a nuestro Creador de
todo aquello que hayamos hecho en la tierra:
bueno y malo. ¡Qué en aquél día
la humildad nos corone y nuestras obras y actitud fiel testifiquen a nuestro
favor y nos representen galardón, honra, recompensa y consolación!
El orgullo corrompe toda virtud, … debemos, pues, salirnos
de la inflada vejiga del orgullo para poner nuestros pies en la tierra firme de
lo verdadero: fundamentar nuestras vidas
sobre valores imperecederos como la honestidad, la paciencia, la misericordia,
el esfuerzo, la tenacidad, la fidelidad, el aprecio, el agradecimiento, el
compartir, el ayudar, el servir, la integridad, el perdón, la humildad,
etc. Debemos buscar el amor, y
alejarnos totalmente del envanecimiento que anula a los demás para colocarnos a
nosotros en un trono de arrogancia que lastima, hiere y destruye.
Es muy imortante comprender que el orgulloso puede dejar heridas muy profundas con toda indiferencia y altivez. Puede manejar el arte de lograr, inlcuso, hacer sentir culpable a al víctima. Así que, al estar cerca de una persona lastimada o herida, o de haber sido lastimados o heridos nosotros mismos, cosideremos el haber sido vícitmas del orgulloso, y desechemos todo sentimiento de culpa, de debilidad y de cobardía, y procedamos a sanar a través de la verdad y el amor.*
Debemos ocuparnos activa, diligente y fielmente en la
parte personal que nos corresponde, cuidando nuestras propias vidas y nuestra
integridad (individualidad, identidad) y del bienestar que podamos otorgarle a
todos aquéllos a nuestro alcance, sin olvidar que debemos estar prestos a enfrentar
con firmeza y fortaleza cualquier ataque que el orgullo -propio (interno) o
ajeno (externo)- pueda provocar contra nosotros.
No debe bastarnos estar limpios y ser fieles, debemos ser
ávidos, prontos y astutos para rechazar eficientemente la amenaza y las
artimañas del orgullo y del orgulloso.
¡Descubramos y
disfrutemos la alegría y satisfacción de ser nosotros mismos y de saber que el
Sol nos ve y que Dios sonríe a causa de nuestra vida!
Vers.: Mat. 6:1-2
“Riquezas, honra y vida
son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.” Prvbs. 22:4
Atrévete
Le fascina a tu orgullo
creer que todo es suyo.
¿Fue o no ese amor tuyo?
Hoy te reto
a descubrir ese secreto.
¿Qué se robó tu caricia?
¿Qué sustituyó tu presencia?
¿Qué provocó tu ausencia?
Confiaste en que era tuyo,
pero fuiste presa de tu orgullo.
Nunca te faltó mi confianza
ni se apagó mi esperanza.
Si dices conocer el amor,
atrévete a enfrentar el dolor
de tener que reconocer tu error.
Sí fue tuyo ese amor,
pero lo alejaste con dolor.
*Ver: Blog "El Dolor"; "Heridas"; "El subestimado Perdón"; "Pasado, Presente y Futuro"; "Felicidad".
Canciones:
"Cazador cazado" (Julián);
"Toda la Vida" (M. Mijares);
"Tenías que ser tan cruel" (Rocío Durcal);
"You´re gonna miss my lovin´" (G. Jones);
"Cuidado amor" (Julio Iglesias)
"The gambler" (K. Rogers)
"Release me" W. Phillips
"Release me" E. Humperdinck
"Olvídame y pega la vuelta"; "Valiente" (Pimpinela)
"Ya no" (Lucero)
"Just for the fun of it" N. King Cole
"Caray cuando te tuve" J. Gabriel
Canciones:
"Cazador cazado" (Julián);
"Toda la Vida" (M. Mijares);
"Tenías que ser tan cruel" (Rocío Durcal);
"You´re gonna miss my lovin´" (G. Jones);
"Cuidado amor" (Julio Iglesias)
"The gambler" (K. Rogers)
"Release me" W. Phillips
"Release me" E. Humperdinck
"Olvídame y pega la vuelta"; "Valiente" (Pimpinela)
"Ya no" (Lucero)
"Just for the fun of it" N. King Cole
"Caray cuando te tuve" J. Gabriel
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